diumenge, de març 09, 2008

restaurante abadia do porto, a big no-no


Esta noche hemos salido a cenar con unos amigos. Nos hemos decidido por el restaurante Abadía do Porto, un sitio donde otras veces habíamos comido muy bien. Yo iba pensando en el cabrito asado que había comido la última vez que fuimos. El cabrito es una de mis carnes favoritas y como no suelo hacerlo en casa no he dudado a la hora de hacer la comanda: cabrito asado. Ellos han pedido primero pero yo he pasado de sopa. La otra vez no pude acabarme lo que había en mi plato y decido que será mejor guardar todo el sitio para el cabrito. Ellos van comiendo y yo bebo agua y vino y como pan. Al parecer ahí no hay costumbre de poner aceitunas, queso ni nada para picar. Pero me espero porque sigo pensando en ese cabrito que merece la pena.

Llegan los segundos. Además de que mi plato ha sido el último en llegar, lo que me han traído básicamente consistía en piel y huesos. Habría el equivalente a 50g de carne limpia en los cinco trozos enanos que había en el plato. La otra vez me sirvieron dos o tres trozos más grandes y recuerdo que no pude acabarme la carne. Y hoy me encuentro con cinco cachitos de carne enanos pero con un índice de cosa comestible prácticamente nulo. Llamo al camarero, le enseño la carne (o más bien la falta de carne) y le digo que por favor me ponga otro plato. Pasa el tiempo, seguimos hablando, los demás comen, yo bebo agua y vino, pasa más tiempo, como un poco de la guarnición de Jorge (patatas fritas, puré de espinacas y arroz), sigo bebiendo, ellos ya casi están acabando con su cena y yo me imagino cenando sola mientras ellos me miran. Mientras tanto me voy cabreando por momentos hasta que no aguanto más y me voy al camarero en cuestión y le digo que, por favor, no me traiga el cabrito y que me traiga el libro de reclamaciones. Se deshace en disculpas y me asegura que el cabrito está a punto de salir de la cocina. Le repito que no lo quiero y que quiero el libro de reclamaciones. Añado que no me apetece cenar mientras me contemplan. Me dice que el jefe vendrá a hablar con nosotros. Le digo que no hace falta, que solo quiero el libro de reclamaciones.

Viene el jefe de sala y se pone a hablar con nosotros. Le digo que lo único que he pedido es el libro de reclamaciones, que haga el favor de traerlo. Pregunta qué estaba mal. Le decimos que la carne era un deseo en mi plato, que eso que me han traído es lo que se da a los perros, y que luego se han eternizado con el otro plato. Tiene la jeta de decirnos que a alguna gente le gustan las costillas (sí, sí, las costillas están buenas, pero con la parte comestible puesta, no solo la punta que es piel y hueso). Lo miramos con cara de tú te estás quedando conmigo y le pedimos de nuevo el libro de reclamaciones. Sigue en sus trece. Le decimos que, si iba a tardar tanto, podrían haber avisado y al menos podría haber pedido otra cosa que fuera a tardar menos. Él sigue con sus argumentos y acaba por molestarme infinitamente tenerle ahí, de pie. Al final le digo que vale, que no lo traiga, pero que se largue de una vez y me deje seguir hablando con mis amigos, que no me va a arruinar la noche. Como un par de patatas más y otro poco de puré de espinacas. Ellos piden postre y yo salgo a quitarme un poco de estrés de encima y veo los letreros donde queda claro que hay libro de reclamaciones, que la media ración de cabrito al horno cuesta 12’50€ y que quien les tradujo el menú al español no sabía que bienvenido va junto. Entro a buscar la cámara. Hago fotos. Vamos a pagar y después pedimos otra vez el libro de reclamaciones. Ahora aparece el gerente, que nos pregunta qué ha pasado y se pone en modo de intentar convencernos. Hay que explicarle otra vez toda la movida. Yo estoy cada vez más encabronada. Le digo que no quiero pasar ahí más tiempo del necesario, que haga el favor de traerme el libro de reclamaciones y, si quiere, que siga hablando con Jorge mientras yo escribo. Se da cuenta de que voy en serio y me hace caso (por fin). Sigue hablando con Jorge mientras yo cuento mi historia en inglés en el libro de reclamaciones, que he estrenado, todo hay que decirlo. Cuando acabo de escribir lee lo que he escrito y nos pide por favor que no dejemos de ir ahí. Crudo lo tiene, porque para ir ahí tenemos que hacer 25 kilómetros y como que no apetece después de lo de hoy.


Lo triste no es que el plato no estuviera en condiciones, ni que el recambio se haya eternizado. Lo triste es que todo eso se hubiera podido evitar si hubieran avisado de que les quedaba poco cabrito y me hubieran preguntado si quería otra cosa en lugar de traerme los restos impresentables, si es que ese era el caso; o si al enviar yo el plato para atrás hubieran avisado de que iba a tardar bastante y me hubieran dado la opción de elegir otra cosa más rápida. Pero sobre todo se habrían evitado todo eso si hubiera tenido que pedir el libro de reclamaciones una sola vez en lugar de veinte. Si al pedirlo la primera vez hubiera aparecido alguien con el libro a los dos minutos y me hubiera preguntado, libro en mano, qué había pasado yo no habría tenido que pasar dos horas calentándome cada vez más mientras comía guarniciones ajenas, y aguantaba dos conversaciones inútiles con el camarero y el jefe de sala mientras me preguntaba qué parte de la oración "Quiero el libro de reclamaciones" era la que no entendían.

Y lo triste, sobre todo, es que no se imaginara nadie que la cosa iba a acabar así y que volvería a pedir el libro de reclamaciones después de pagar, porque NO es normal que en un restaurante un cliente tenga que ver como sus acompañantes cenan para acabar marchándose sin cenar.

4 comentaris:

Ajenjo ha dit...

Estoy contigo. Yo hubiera hecho exactamente lo mismo, y peor, que tengo un genio fatal. ¡Cómo para volver!

La lectora corrent ha dit...

Ben fet! Hi ha gent que no gosa queixar-se quan en un restaurant o un bar no els serveixen adequadament. Crec que és una equivocació.

joana ha dit...

Molt bé!
Si tots féssim igual, ens servirien millor

Anònim ha dit...

He estado en ese restaurant por lo menos 20 veces y jamàs me ha pasado algo parecido, lamento decirte que tu experiencia me parece un caso aislado mas que una costumbre del sitio, siempre lo recomiendo!!! y ademas el cabrito lo he comido varias veces, la ultima vez fue en diciembre... lo siento cariño, creo que te ha tocado estrenar el libro de reclamaciones por que sencillamente eres la primera que las hace!!